CONCURSO DE CUENTOS PARA NIÑOS Y JÓVENES
DIA DEL LIBRO 2007
a música del para siempre
Daniel Muniz
Mención Especial Categoría Jóvenes
Quieta, inmóvil. Así estaba Clara como todos los días. Había llegado el día que ella estaba esperando, pero, por varias experiencias del pasado no sabía si alegrarse o
desilusionarse delante de esa situación.
La mañana se asomaba por su ventana invitando a sus lanzas de sol a invadir la
pieza en donde Clara se encontraba.
En ese momento golpearon a su puerta, y por alguna razón, ella sabía que había llegado
el momento.
Se acercó la empleada doméstica a abrir la puerta, y encontró a un señor del servicio de
entrega de miembros ortopédicos a domicilio.
La empleada le pagó por las piernas encargadas y se llevó a Clara. La ayudó a
ponérselas siguiendo las instrucciones. Cuando ya las tuvo puestas comenzó
suavemente a caminar por la casa recorriendo eventualmente todos sus rincones
Cuando por fin se cansó(porque las piernas no eran muy livianas) se sentó y, alegre y
emocionada, lloró hasta quedarse dormida.
Soñó con un hombre todo vestido de blanco que levitando en el aire le decía que la
estaba esperando y que junto a él en sus prados ella podría correr cuanto quisiera con
piernas comunes y corrientes por toda la eternidad.
Luego le dijo que para llegar a él debía hacer un sacrificio en vida y sería que lo que le
restara por vivir debía hacerlo sin piernas ortopédicas.
Cuando se despertó, pensó, si sería menester vivir sin piernas lo que le resta de vida si un ángel le había prometido la eternidad con un cuerpo entero y no con piernas hasta las rodillas como tenía ella. Pero ella, por otro lado, habíalas deseado tanto que le dolía en el alma tener que dejarlas luego de haberlas conseguido.
Pesó las opciones desde su perspectivas creyente e interpretó al sueño como la invitación de un ángel o arcángel al paraíso, ese inalcanzable reino del Grande para los seres humanos pecadores, y ella había sido invitada con la condición de que sufriera en vida al igual que el Hijo, para tener un lugar entre los elegidos.
Decidió quitáselas y ordenó a la empleada tirarlas y trerle su vieja silla de ruedas y además acompañarla a dar un paseo. Esa tarde lo vio todo más hemoso, mas claro.
Sintió que valía la pena su decisión.
Pasaron los años y la anciana con su blanca cabellera, su encorvada espalda, espera la llegada de aquel ángel que le prometió el paraíso.
Sin pensarlo, se sumió en lo más profundo y dulce de sus sueños para no despertar su cuerpo nunca más.
Al abrir sus ojos, Clara, era una figura iluminada toda vestida de blanco. Se encontró
corriendo rodeada de verdes prados donde las flores, los pájaros, las cascadas y el sol
estaban tocando la misma música, LA MUSICA DEL PARA SIEMPRE.
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